Global Political News

"La gran lección del siglo XX que las mujeres y hombre[s] libres hemos aprendido, es que la dignidad humana no admite atajos ni explicaciones para los regímenes de fuerza." — LaNacion.cl, editorial, 12 diciembre 2006


EX-DICTADOR DE CHILE, AUGUSTO PINOCHET, MUERE A LOS 91
PERSEGUIDO POR LA JUSTICIA, EL IMPUNE GENERAL MUERE EL DÍA DE LOS DERECHOS HUMANOS

11 diciembre 2006
Ha muerto Augusto Pinochet, general de las fuerzas armadas chilenas que el 11 de septiembre del 1973 encabezó un golpe de estado que acabó con la vida y el gobierno elegido del socialista Salvador Allende. Durante 17 años, mandó con mano dura, nacionalizó industrias claves y lideró una campaña de secuestro, tortura y asesinato de miles de disidentes. [Texto completo]
EL PODER LEGÍTIMO NO PUEDE APOYARSE EN EL EJERCICIO DESNUDO DE LA FUERZA
EL CINISMO NO TIENE LA VIRTUD DE SER MÁS REALISTA, SINO QUE ES UNA FANTASÍA PELIGROSA
15 noviembre 2006

El gran fallo en el ejercicio desnudo del poder es la injusta e ilógica esperanza de que no puede haber reacción o de que no haya reacción inspirada en un sentido de la justicia. El hecho es que cualquier ser humano, en estado emocional e intelectual sano, tendrá que reaccionar ante cualquier violación de su ámbito social o familiar por una violencia ajena.

En cualquier intervención militar, sea defensiva, ocupadora o agresiva, habrá una reacción humana por parte de los seres humanos que se encuentran perjudicados por la actuación. La población civil se encontrará o directa y constantemente amenazada o sentiría un agobio por el caos o logrará escaparse de los bombardeos y entonces juzgar la moralidad de lo que acaba de vivir y de ver pasar.

(Esto es del todo justo y necesario: no sólo no queremos dejar detrás de ningún conflicto una población desgastada por el odio o la insensibilidad ante el sufrimiento humano, sino que además, hay que poder medir nuestro comportamiento en función del peligro humano que causamos y esperacimos actuando, o mejor dicho, del daño que querremos no causar ni esparcir.)

Olvidarnos de este derecho más básico, de los involucrados por la violencia de otros (e inocentes, a fin de cuentas), de ser y de sentirse humanos, de ser testigos y de dar su testimonio en voz alta y alzada, es dejar de ser una fuerza humana y convertirse, al instante del olvido, en tirania pura.

Cualquier permiso dado para disparar sin más contra civiles, sin ninguna prueba de peligro, sólo por costumbre, como manera de "defender" por defecto la vida de los que están para combatir, es entregarse a la perdición, tanto moral como legal como estratégica.

O sea, para un liderazgo que ha tenido la suerte de criarse y educarse en una sociedad abierta, con los beneficios del humanismo, el estado de derecho, y la (relativa) transparencia, es realmente una locura inexplicable entregar el manejo estratégico de las relaciones internacionales y del bienestar futuro del pueblo a tal extrema de inhumanidad y descaro.

Si la causa es justa, si los trámites son legales, si la guerra puede funcionar como acción policial o a favor de la paz, entonces y sólo entonces, puede la cosa llegar a ser legítima, pero sólo si los métodos también cumplen con todos estos requisitos. Un exceso de fuerza, una técnica que pone en peligro a los inocentes, una regla que deja franquear la dignidad del individuo en su cuerpo y en su hogar, contamina y hace volcarse esa presunta justicia.

El soldado profesional, la guerra justa, y las actuaciones militares de seguridad, tienen que tomar en cuenta todos los límites normales y legales de las sociedades que representan; tienen que obedecer no sólo la letra sino también el espíritu de la ley, tanto nacional como internacional, a nivel civil, penal, y militar.

No puede haber amnistía general por oficiales que descaradamente ignoran y violan leyes fundacionales del estado de derecho y del derecho internacional. No puede haber declaraciones a favor de métodos de tratamiento físico ni psicológico que no sólo no logran ninguna información válida sino que tampoco sustentan la normativa de habeas corpus o de la inocencia del acusado ante la ley.

La ley no puede caer por debajo de los suelos de los zapatos de los políticos más cínicos o más incapaces de una visión justa, humana y responsable de su poder. La información no puede convertirse en otro armamento ni en modo de manipular o de encubrir los hechos. Una sociedad abierta que pretende defenderse con la fuerza, tiene la obligación absoluta de mostrar en todo momento que jamás abandona su lealtad a los principios por los que supuestamente luchan los que realmente corren peligro de muerte.

Es un asunto moral y ético: hay que saber tratar con justicia al prójimo, y esa justicia no puede ser siempre relativa... es un asunto estratégico: no es posible establecer la seguridad de una nación cuando el método provoca un deseo de disminuir esa seguridad... es un asunto legal: ningún sistema legal legítimo puede tolerar que se descarten aleatoriamente los derechos del individuo, en ningún caso de conflicto, por extremo que sea, sin poner en peligro su propia legitimidad y credibilidad. [s]

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